La DANA nos asoló. Por dentro y por fuera.
245 días de barro y polvo, de desesperanza, de lucha por sobrevivir a una tragedia colectiva donde la inacción y el abandono ostentoso de nuestras instituciones junto con la falta de arrepentimiento y asunción de responsabilidades, nos ha ido desgarrando interna y lentamente cada uno de los días recorridos desde aquel fatídico 29 de octubre.
Una travesía de miedo, pérdida y dolor. 229 muertos, 0 responsables.
Estamos muy lejos de la normalidad. Con temor por la falta de acciones correctivas que nos prevengan de próximos fenómenos meteorológicos, por la necesidad de una mirada amplia en la reconstrucción de nuestros pueblos: en infraestructuras, en atención a las víctimas, en una justicia obligatoria que suavice nuestro sufrimiento.
La huella del barro todavía permanece. En el sentido más amplio.
Nunca volveremos a ser las mismas personas. Solo la justicia terminará de limpiar el polvo y barro que ha quedado en nuestro más profundo fuero interno.
Texto: Pepa Ferrer